sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Qué ha significado realmente el 8 de noviembre para la Unión Europea?


  A veces, resulta complicado para los políticos cumplir con todas las promesas que han hecho durante la campaña electoral. Y, tal vez, en este caso, no pasa nada si se deja alguna en el tintero. Y es que la política económica de Donald Trump inquieta por igual a ambos lados del océano. Está por ver sus efectos a medio y largo plazo, pero los expertos coinciden en que una aplicación estricta de las medidas que ha anunciado tendrá consecuencias inciertas tanto para EstadosUnidos como para el resto del mundo.

  Aunque el triunfo de Trump se haya calificado de sorprendente, los mercados ya lo habían ido recogiendo. Según explican los analistas, el ascenso de éste en las últimas encuestas publicadas hizo que muchos inversores vendiesen ya parte de sus acciones durante la última semana de octubre, adelantándose así al resultado final. De esta forma, la reacción de las Bolsas no ha sido tan acusada. Para el Brexit, en cambio, nadie estaba preparado y cayó como una bomba.

  El republicano ha prometido una política fiscal expansiva, con grandes inversiones en infraestructuras y bajada de impuestos para impulsar la economía, lo que debería dar resultados positivos para la Bolsa. Quiere, dice, dejar al mínimo el Impuesto de Sociedades y reducir de siete a tres los tramos del IRPF. Además, quiere introducir una “tasa de repatriación” del 10% a las ganancias que las empresas de EEUU acumulan en el extranjero.

  Otro de los puntos fuertes de la política económica del actual presidente consiste en disparar el gasto en nuevas infraestructuras, provocando el rebote bursátil de todas las empresas constructoras. “Vamos a reconstruir nuestras autopistas, nuestros puentes, nuestros túneles, nuestros aeropuertos y nuestros hospitales. Vamos a reconstruir nuestras infraestructuras, que serán inigualables, y haciéndolo, daremos trabajo a millones de personas” reiteró él mismo tras conocer su victoria.

  Pero lo más importante es que si la negociación entre Estados Unidos y la Unión Europea para establecer un tratado de libre mercado (TTIP) se estaba enquistando, ¿qué ocurrirá tras la victoria republicana del pasado día 8?. “El TTIP es una auténtica locura, nunca se debería hacer”, ha llegado a decir el nuevo inquilino de la casa Blanca. Por tanto, el TTIP se perfila como la primera víctima de Trump.

  En Bruselas, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pidieron este miércoles una cumbre con Estados Unidos para hablar de esa y de otras cuestiones. Pero Europa da prácticamente por perdido el TTIP, ante la contestación popular que generó un pacto similarcon Canadá y las duras críticas que ha cosechado el acuerdo con Estados Unidos en Francia y Alemania.
  “Durante bastante tiempo el TTIP estará en el congelador; lo que ocurra cuando se descongele es algo que tendremos que esperar para verlo”, indicó la Comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, en una rueda de prensa al término de un Consejo de Ministros comunitarios. “No ha hecho referencia ni una sola vez en su campaña al TTIP, por lo que no sabemos lo que piensa sobre ello” puntualizó, y agregó que “ha hecho referencias de que en principio no le gustan los grandes acuerdos regionales, pero simplemente no lo sabemos.”

  En cambio, existen otras opiniones como la del secretario de Estado español de Comercio, Jaime García-Legaz, que insiste en que es “prematuro” decir que el TTIP está congelado, pues no se ha tenido la oportunidad de conocer la opinión de la nueva Administración.
  
  Además, una de las cosas que más inquieta a los analistas internacionales es la intención anunciada por Trump de derogar la llamada Ley de Reforma de Wall Street yProtección al Consumidor Dodd-Frank, que impone requisitos extras de capital a las grandes firmas bancarias, ya que considera que esta normativa ha hecho que los banqueros tengan “imposible” funcionar con normalidad.
  
  “Nunca volveré a comer una galleta Oreo”, prometió solemnemente cuando Mondelez, la multinacional dueña de la mencionada marca de galletas, anunció en 2015 que quería cerrar su planta en Chicago e invertir 130 millones para aumentar su producción en México. Su reacción fue tajante, igual que cuando en enero de este año se refirió así sobre la producción en China de la mayor empresa del mundo: “Voy a obligar a Apple a fabricar sus malditos ordenadores en casa, en EEUU.”
Esta presidencia puede ser el comienzo de una nueva etapa quizás caracterizada por las dudas constantes que hacen caer el PIB y por una política inestable.








                                                                                                                    Rocío Perera Domínguez.









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